La polio le impidió caminar antes de aprender a hacerlo. Décadas después, este cordobés llegó pedaleando hasta uno de los caminos más altos del planeta.

 

Hay historias que no se miden en medallas ni en récords, sino en la distancia que separa un "no vas a poder" de un "acá estoy". La de Jean Maggi es una de esas. Nacido en Córdoba en 1962, contrajo poliomielitis cuando tenía apenas un año de vida y perdió para siempre la movilidad de sus piernas. Aprendió a mirar el mundo desde una silla de ruedas antes de tener memoria.

La polio (poliomielitis) es una enfermedad causada por un virus que puede atacar el sistema nervioso y dejar músculos paralizados, sobre todo en las piernas. Afecta principalmente a niños pequeños y, hasta que se masificó la vacuna, fue una de las grandes causas de discapacidad en el mundo. Hoy está casi erradicada gracias a la vacunación.

Y sin embargo, su vida terminó siendo una lección sobre lo que significa moverse de verdad. Porque Jean no eligió las cartas que le tocaron. Pero eligió, todos los días, qué hacer con ellas. Y esa elección lo llevó desde una infancia marcada por el diagnóstico hasta la cima del Himalaya, empujando con sus propios brazos una bicicleta adaptada.

El infarto que le salvó la vida

Durante años, Jean construyó lo que muchos llamarían una vida exitosa: trabajo, familia, estabilidad. Tenía casi todo lo que se supone que uno debería querer. Pero, según cuenta él mismo, no era feliz. Vivía en piloto automático, arrastrando un peso que no tenía nada que ver con sus piernas.

El punto de quiebre llegó a los 37 años, y de la forma más brutal: un infarto. En vez de hundirlo, ese golpe lo despertó. "Sabía que o cambiaba o me moría", resumió tiempo después. Fue el momento en que decidió dejar de sobrevivir para empezar a vivir. Y encontró en el deporte la herramienta para reconstruirse por dentro.

 

"Más allá de caminar, lo más importante es vivir de pie."

— Jean Maggi

Del sillón a la cima del mundo

Lo que vino después es difícil de creer incluso escrito. Jean se transformó en deportista adaptado y no se puso límites: corrió la Maratón de Nueva York, compitió en pruebas de Ironman, cruzó los Alpes suizos, atravesó la Cordillera de los Andes a caballo y fue abanderado argentino en el esquí de los Juegos de Invierno de Vancouver 2010.

Pero su desafío más recordado llegó en su handbike, la bicicleta que se impulsa con la fuerza de los brazos. En 2015 recorrió más de 400 kilómetros para coronar el Khardung La, uno de los pasos de montaña transitables más altos del planeta, a más de 5.400 metros de altura, en pleno Himalaya. Un hombre que nunca pudo usar sus piernas llegó, pedaleando con las manos, más arriba de lo que la mayoría de las personas caminará en toda su vida.

Esa hazaña quedó inmortalizada en el documental El límite infinito, dirigido por el ganador del Oscar Juan José Campanella y estrenado en Netflix. Pero el título no habla del Himalaya: habla de una forma de entender la vida.

Lo difícil se hace, lo imposible se intenta

En 2016, junto a su esposa María Victoria, Jean creó la Fundación Jean Maggi, con una misión concreta: entregar bicicletas adaptadas a personas con discapacidad motriz para devolverles algo que él conoce bien, la libertad de moverse por su cuenta. Porque para Jean el movimiento nunca fue un logro personal, sino algo para compartir.

De ahí sale la frase que lo define y que hoy repiten miles de personas: "lo difícil se hace, lo imposible se intenta". No es una consigna de autoayuda. Es la descripción literal de una vida en la que cada meta parecía fuera de alcance… hasta que dejaba de estarlo.

¿Qué significa "DON'T QUIT" para nosotros?

En V-1...elegimos contar estas historias porque hablan exactamente de lo que creemos nosotros: que el rendimiento de verdad no empieza en el cuerpo, sino en la decisión de no bajar los brazos. Trabajo, esfuerzo, compromiso, constancia. Jean Maggi no tuvo las condiciones ideales, y las convirtió en combustible.

Su historia nos recuerda que los límites, casi siempre, están más en la cabeza que en el cuerpo. Que rendirse no es un estado, sino una elección que se puede rechazar cada mañana. Y que ponerse en movimiento, sea cual sea tu punto de partida, ya es una forma de ganar.

 

La próxima vez que una meta te parezca demasiado grande, acordate de Jean subiendo el Himalaya con los brazos. Lo difícil, hacelo. Lo imposible, intentalo. Don't quit.